Hoy he vuelto a leer las cartas. Porque al final fue como si recibiera cartas que iban dejando en el buzón de al lado de la puerta del espacio donde hicimos los encuentros.
Cada día revisaba el buzón.
O a veces me enviaban un mensaje: “Te he dejado el escrito” o “te he dejado la carta en el buzón”.
Y como están escritas a mano, fueron unos días más que emocionantes esperándolas.
A la vez eran impresiones, agradecimientos, cambios de estado, observaciones que cada una hizo consigo mismas, ganas de seguir para mejorar el resultado, ganas de esparcir los ejercicios entre sus amigos, emociones y más emociones.
“…fue una experiencia transformadora…”
“…descubrir mi creatividad desde nuevas perspectivas…”
“…un espacio para descubrirme a través de trazos inesperados y conexiones nuevas con mi cuerpo y con mi imaginación.”
“…descubrir el poder de mi mano izquierda.”
“…mi mano izquierda ha sido como las antenas de mi alma y esas antenas han enviado señales de amor a la parte más profunda de mí.”
“…me ha hecho descubrir que puedo escribir y dibujar, pensaba que no tenía ni idea.”
“…mi alma se tranquilizaba en las sesiones.”
“…han sido útiles para dar atención a partes de mi cuerpo que existen, pero se daba por hecho y no se valoraba.”
“…me ha ayudado a volver a centrarme, a tener otra vez mi equilibrio, a volver a tener ganas de desarrollar mi parte creativa y mi parte espiritual.”
“…me ha ayudado a conocerme de formas diferentes a lo acostumbrado.”













